FOBIAS Y MIEDO ESCÉNICO.

mayo 1, 2010 noeliacausapie

Cuando comencé a leer el artículo sobre el status, había tres hojas que hacían referencia al establecimiento de la relación adecuada, en lugar de ir directamente al capítulo decidí empezar leyendo esas tres hojas sueltas y cuál fue mi sorpresa que en ellas se establecía una relación directa entre las fobias que pueden presentar las personas y el miedo que sentimos al hablar en público.

Me resultó sumamente interesante, porque podía establecer perfectamente la relación que el autor pretende explicar, puesto que, como la mayoría de las personas que me conocen saben, tengo fobia a los pájaros y los estados por los que pasamos al exponernos al objeto que nos atemorizan son muy similares.

Esta es la razón por la que decidí escribir estas líneas.

A continuación, voy a intentar explicar la conexión que he podido apreciar.

En primer lugar, para contextualizar este texto voy a definir qué es una fobia.

Según el manual de diagnóstico de los trastornos mentales (DSM- IV), las fobias son consideradas dentro de los trastornos de la ansiedad.  Este manual define la fobia específica como el temor acusado y persistente  que es excesivo e irracional, desencadenado por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos.

Puede ser referida a situaciones bien definidas o frente a objetos que no son en sí mismo peligrosos, pero que son evitados de un modo sistemático o afrontados con gran temor. Además, una persona que padece una fobia no se alivia por saber que otra persona  no considera peligrosa esa situación o porque piense que el temor es desproporcionado.

Cuando estas personas se exponen al estímulo fóbico les provoca una respuesta inmediata de ansiedad, que puede desembocar en una crisis de angustia.

Todas las fobias tienen tratamiento, éste dependerá de su intensidad y de otras complicaciones psicopatológicas que presenten las personas que la padecen.

Uno de los tratamientos que se utilizan para su extinción es el tratamiento conductual, que consiste en una desensibilización sistemática por la que la persona utilizando métodos de relajación se va exponiendo progresivamente a la situación que le produce la fobia, hasta que se consigue superar totalmente.

Este tratamiento es el que se expone en el texto y se relaciona con el miedo escénico. Wolpe  sostiene que si una persona está relajada desaparece la sensación de angustia porque ambas son incompatibles. Cuando la persona está relajada el estado de alarma se disipa hasta que llega a desaparecer. Pero, para ello, es imprescindible que exista la intención de relajarse.

Desde mi punto de vista, padeciendo una fobia lo veo muy complicado, no imposible pero sí muy difícil, porque cuando estamos presentes o prevemos que vamos a estar expuestos al objeto fóbico, en nuestro cuerpo salta el dispositivo de alarma, que lleva consigo estados o sensaciones que se van desencadenando simultáneamente y que hace imposible pensar en la relajación, porque sólo se piensa en huir, en escapar de la situación que nos está provocando ese malestar.

La mayoría de las fobias se desencadenan en la infancia o adolescencia, la persona aprende a vivir con ellas, o a sobrevivir. Lo que se puede llevar más o menos bien, según el tipo de fobia que padezcas.

Muchas personas tienden a preguntar  llevadas por su curiosidad si te ha pasado algún incidente o situación desagradable con el objeto fóbico, no lo sé, la verdad. Siempre hay un hecho que marca el comienzo, pero creo que si bien puede estar relacionado, pienso que hay algo más profundo, puede ser un problema no resuelto que ni si quiera tenga que ver con el objeto en cuestión. No sé… la mente es la gran desconocida.

Si lo relacionamos con la asignatura, podemos hablar del miedo a hablar en público que es un síntoma de lo que se conoce como fobia social. Se caracteriza por el miedo que siente la persona al exponerse y ser observada por los demás, esto conlleva que experimente un temor de hacer algo o comportarse de una manera que pueda resultarle humillante.

Es cierto que cuando hablamos de fobia estamos hablando ya a niveles complejos y superiores, pero entender esto nos puede ayudar, porque no todos tenemos ese miedo irracional, pero la mayoría experimenta sensaciones de nerviosismo, ansiedad, taquicardias, temblores, etc., cuando tiene que hablar en público, y es importante conocer que hay estrategias que contribuyen a dotar a las personas de recursos que ayuden a hacer frente a estas situaciones.

Tales recursos pueden ser: técnicas de relajación y respiración, exposición gradual, ensayo de situaciones, control postural, el control de la voz, el volumen y entonación, saber utilizar los silencios.

Por tanto, hablar en público requiere ensayo, práctica y técnica. Podemos perfeccionar esta habilidad.

Quiero concluir con unos toques de humor y voy a intentar explicar los sentimientos y pensamientos de una persona que padece una fobia.

QUIERO IR A VENECIA PERO LAS PALOMAS NO ME DEJAN.

Una de mis aficiones es viajar. Cuando he conseguido realizar un viaje, siempre pienso en el próximo. Hay un destino que me encantaría: Venecia. Pero lo veo prácticamente  imposible, al menos de momento…   Y es que tengo un problema: no puedo imaginarme en la plaza de San Marcos con miles de palomas revoloteando a mí alrededor.

Seguro que se preguntarán el por qué. Tengo fobia a los pájaros aproximadamente desde los 3 ó 4 años, lo cual supone que llevo conviviendo con ella 30 años. A pesar de ello no me he planteado aún hacer una terapia, aunque cuando me expongo a ellos y supero una crisis, siempre me digo a mi misma: “Esta vez es la última…“. Hasta que se me olvida y vuelve a pasarme de nuevo.

Es curioso… cuando conozco a alguien no suelo comentarle que tengo miedo a los pájaros hasta que esa persona no está implicada en alguna situación en la que me ve haciendo el ridículo, porque es la sensación que se te queda después de montar el numerito.

La reacción de la persona cuando le dices: “tengo miedo a los pájaros”  es quedarse callada unos segundos y acto seguido preguntarte: “entonces, ¿tú no habrás visto la película de los pájaros?”. Y tú te armas de paciencia y contestas con unas risitas: jejejejeje. Pero por dentro estás pensando: ¿no te acabo de decir que tengo miedo? ¿Qué te hace pensar que la haya visto?

Y esto no acaba aquí. Lo segundo que te suelen decir es:

–          Pero si no hacen nada.

Así que se te queda una cara de tonta, te ruborizas, piensas tierra trágame, y sólo sabes contestar:

–          Si lo sé, pero a mí me dan miedo.

Y digo yo, no acabo de decir que tengo una “fobia”,  ¿no es como decir miedo irracional…?

La persona que lo descubre se deja llevar por la curiosidad y comienza a  bombardearte a preguntas, y tú te preparas para ese bombardeo,… ¿o no?

Y entonces ocurre:

–          ¿Tienes miedo desde hace mucho? ¿Te ha pasado algo con un pájaro? ¿te dan miedo todos? ¿los pollitos también? ¿y los canarios?

Con cada pregunta te va dando más vergüenza, porque claro no es lo mismo tener miedo a un buitre que a un canario. Y ya si te preguntan si te da miedo Piolín pues eso… Roja, con sudores, con una sensación de ser pequeñita, vamos que te sientes tonta.

Entonces, una vez preparada  la persona, te dispones a irte a tomar algo a una terracita y claro… los gorriones comiendo las miguitas de pan, las palomas que se aproximan…, vamos que estás sentada y venga a levantarte, y te vuelves a sentar y entonces empiezas a percibir que las mesas de alrededor te están mirando y ¡ala, a sudar, a ruborizarte y a sentir la necesidad de dar explicaciones!:

–          Jejejeje, es que me dan miedo los pájaros.

Venga otra vez la sensación de tonta, que se multiplica cuando ves la cara de bochorno que está poniendo tu amigo.

Y eso no es nada. Ir al trabajo en primavera supone una excursión en toda regla: paloma en la acera, voy por la carretera; paloma en el parque, uy por ahí no puedo pasar, viene alguien por detrás me espero y paso tras él; paloma en la puerta del colegio, uy niños, malo, las van a hacer volar, ¿por dónde voy? , ¿Qué hago?,  ¿dónde me meto? …. Carretera, piiiiiiiiiiii el coche “¡cuidado, ¿estás loca? que te pillo!”.

Uf y yo sólo quería ir a trabajar.

Otro día llegan tus amigas y te dicen: “nos vamos de vacaciones”. Y tú dices bien, pero… no sabes la que te espera.

Esta Semana Santa estuve en Malta y fue todo muy bien: muchos acantilados, playas,…  en fin sin problemas.

Pero un día vamos a la Valletta, y claro, yo que me voy a acordar… llegamos y entonces:

Paloma a la izquierda, paloma a la derecha, paloma en el centro … ¡¡¡Dios qué asedio!!!

El corazón se acelera, sudores fríos, me falta la respiración, tengo esa sensación de miedo y de querer salir huyendo, se me dispara el radar interior que me hace sentirlas por todos los lados.

Y en esto que tus amigas te van hablando y te dicen:

–          ¿Dónde estás?

–          Aquí, a este lado.

–          Si, hija. Pero llevas la cabeza en las nubes.

–          Sí, eso en las nubes, en el cielo, en los malditos pajarracos,…..

Pero continúas hablando como si nada.

Entonces, otra a este lado, y  cambias de lado.

Y te dicen tus amigas:

–          ¿Ahora qué te pasa?

–          Nada estoy a este lado porque al otro  hay una paloma.

Entonces a la tercera vez, tus amigas se cansan y te dicen:

–          No las mires, si no hacen nada.

–          Ufffff…… Te hierve la sangre por dentro y les dices:

–          Si no las miro, aparecen solas, no puedo evitarlo.

Continuamos andando y entonces…. otro cambio, una de tus amiga que ya no sabe para dónde mirar sale andando más deprisa y tú piensas ¡¡¡¡¡ noooooooooo,  no hagas eso….!!!!!!

Tu amiga sale decidida a espantarla y entonces empieza el contorsionismo. La paloma sale volando y tú te agachas deprisa para que no se choque contigo porque viene en tu misma dirección.

Dios,  y acabo de hacer eso delante de todo el mundo, tierra trágame de nuevo.

Seguimos andando y llegamos a una plaza muy bonita, claro está llena de palomas, y entonces miro para un lado, palomas; para otro, palomas, para otro palomas y empiezo a ser consciente de que estoy rodeada.

Siento las palpitaciones más fuertes, un miedo extremo y unas ganas de llorar espantosas, entonces les digo a mis amigas:

–          Por ahí no paso.

–          Venga, tonta, que no pasa nada.

Venga vale, ya no soy la única que piensa que soy tonta sino también mis amigas…. Un punto más.

Entonces hacemos lo más ridículo de todo,……. que consiste en cerrar los ojos e imaginarme que no están.

Pero, ¿si sé que están, cómo puedo llegar a hacerlo?

Entonces me abrazo a mis amigas cierro los ojos y me llevan cual lazarillo para poder cruzar la plaza y hacernos la ansiada foto que todas están deseando.

Y lo más curioso es que te sientes todo orgullosa porque has logrado pasar una plaza llena de palomas.  Claro está, el orgullo te dura poco porque entonces ves a todas las personas que te han visto haciendo el ridículo mirándote con una sonrisa en la cara. Vamos, que sólo te falta que al ir a hacerte la dichosa foto alguien diga eso de “Mira al pajarito”.

Así que Venecia tendrá que  esperar…. Que la disfruten las dichosas palomas que, de momento,  me quedo en mi casa…

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